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LA FÓRMULA DE LA FELICIDAD
Un mundo de diferencias
Una reflexión ante los hechos vividos en los últimos días

Buenos días, escribo esta columna desde profundas reflexiones personales ante los hechos y situaciones que hemos vivido como sociedad, los últimos días.
Fue un gran reto para mí leer, escuchar y ver manifestaciones de distintas índoles, manifestaciones admirables por sus comportamientos hasta los extremos no deseados por las formas de expresión, entendiendo que todos con una misma intencionalidad, el respeto a sus creencias profundas y la forma de ver la vida, su vida.
Interpreto desde mi mirada una gran área de oportunidad, la actitud y apertura a las diferencias que existe entre cada uno de nosotros. Pareciera una contradicción: salgo y me manifiesto buscando lo que no soy capaz de dar, exijo lo que no doy, me asusto de lo que veo en otros, pero no hago búsqueda interior.
Más inquietante aún, ver niños y jóvenes participando sin la seguridad de que tengan claro el contexto de lo que hacen, los aprendizajes de esas vivencias cómo marcarán su vida futura.
Aquí es donde he escuchado repetir hasta el cansancio la palabra clave, tolerancia, y no tengo la certeza de que todos tengamos la misma interpretación de la misma.
Tolerancia, para mí significa respetar y aprender de otras personas, aprender a valorar las diferencias, construir puentes efectivos y afectivos entre las brechas culturales, bloquear los modelos de comportamientos actuales injustos buscando un mundo más justo, permitirnos la oportunidad de encontrar las afinidades para crear nuevas y mejores formas de relacionarnos. 
Tolerancia, en muchos sentidos, es lo opuesto a prejuicio, y eso nos da un reto mayor a estos hechos, en un mundo altamente interpretativo donde los juicios y prejuicios conducen nuestros pensamientos y, por ende, en nuestra vida.
La gran pregunta es, ¿debemos aceptar todos los comportamientos? Claro que por supuesto que desde luego que no. Los comportamientos que no respetan la dignidad, nos hieren o hieren a otros, no deben ser aceptados.
En ningún momento puede ser permitido dañar o acosar a alguien, así como las conductas que rompen las reglas de convivencia social, es robar, matar, mentir.
La tolerancia se trata de aceptar a las personas tal como son, no los comportamientos no deseados. Tan sencillo, tolerancia significa tratar a los demás de la manera de la forma en que nos gustaría ser tratados.
¿Cómo enseñar tolerancia en estos momentos de grandes retos de mundos que aparentemente son tan diferentes, pero tan iguales? La respuesta no es descubrir el hilo negro, es tan sutil como el que debemos formar y desarrollar las actitudes de la vida.
Tan sencillo como saber que somos observados más de lo que parece, que desde antes de hablar nuestros hijos están aprendiendo de nosotros y de cómo nos comportamos, aprenden de nuestro ejemplo, de nuestra congruencia, del correcto establecimiento de límites y responsabilidades. El primer gran aprendizaje se deriva de la imitación de valores de las personas que ellos aman y están en su entorno de bienestar.
Como todas las actitudes, la tolerancia se enseña en formas sutiles. Incluso, antes de aprender a hablar, los niños observan todo cuidadosamente e imitan a sus padres. Los niños de todas las edades desarrollan sus propios valores, en gran parte, imitando los valores y las actitudes de las personas que están a su alrededor.
Basado en lo anterior y reconociendo las diferencias de criterios y de alineación de culturas, podemos afirmar que estamos dejando de lado el pensamiento propio, solo hemos comprendido que podemos enseñar a tolerar con el ejemplo, para poder vivir en un mundo cada vez más lleno de grandes diferencias.
Te invito a visitar y compartir mi página Oscar Garcia Coach, y lograr un mundo donde las diferencias sean la fuerza que nos une.

TAGS: Tu Salud Columna Semanal Cómo ser feliz
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