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No te preocupes ¡Los berrinches son normales! Te enseñamos a manejarlos
Por más que frustren a los padres, las rabietas forman parte del desarrollo normal de los niños de aproximadamente 18 meses a 3 años.

(DESERET NEWS)._ Aunque frustren a los padres, las rabietas forman parte del desarrollo normal de los niños de aproximadamente 18 meses a 3 años, según un informe publicado en la revista académica Journal of the American Academy of Nurse Practitioners.
Probablemente no será de gran alivio para los padres desconcertados que suelen pasar vergüenza y sorprenderse ante un estallido de frustración inesperado del niño.
"Que los berrinches sean típicos no significa que sean sencillos", declaró Carrie Brennan, profesora de Estudios Infantiles y Familiares de la Universidad de Washington. "Estos comportamientos pueden ser muy difíciles de manejar y estresantes".
Los investigadores descubrieron que entre el 5 y el 7 por ciento de los niños pequeños pueden tener rabietas de 15 minutos o más al menos tres veces por semana, lo que convierte a los estallidos "en uno de los problemas de conducta infantil más comunes y motivo frecuente de consulta a un terapeuta conductual pediátrico".
Pero sólo en casos raros se debería recurrir a la terapia para reducir las explosiones emocionales aparentemente descontroladas.
Según el informe, "la mejor forma de lidiar con los berrinches es impedirlos. Sin embargo, si ocurren, hay varias formas de manejar sus efectos".
En vez de frustrarse con el niño, los padres deberían tratar de comunicarse y mostrarle empatía, según Brennan y Nadine Agosta, profesora de Desarrollo Infantil y Adolescente de la Universidad Estatal de San Francisco. Cuando los niños tienen rabietas, no significa que sean "mocosos" o que les pase algo, sólo adoptan comportamientos adecuados para su desarrollo.
"Cuando los padres se frustran y reaccionan de forma estricta y controladora, el niño desobedece", sostuvo Brennan.

El desarrollo del niño pequeño
La transición de bebé a niño pequeño es un hito en el desarrollo, a partir del cual comienza a exhibir conductas autoritarias y a desobedecer.
El niño desarrolla una sensación de autonomía y desea ser independiente y separarse de sus padres, lo que lo vuelve propenso a defenderse, según Agosta.
"Ahora puede usar la palabra 'no' para afirmar su autoridad", afirmó la profesora. "Eso lo hace confiar en sí mismo y comenzar a ganar autoestima".
No sólo el niño pequeño aumenta su autocontrol, también se vuelve más consciente de sus deseos, lo que genera frustración en las transiciones diarias cuando esos deseos no siempre se cumplen, explicó Brennan.
A pesar de que los niños pequeños desean obtener lo que quieren, carecen de las estrategias para lidiar con la decepción y la frustración como los adultos, según la profesora.
Esperar que un niño pequeño explique cómo se siente puede terminar frustrando a padres e hijos, pues a esa edad la mayoría de los niños todavía no aprendieron a "conectar sus sentimientos con palabras", de acuerdo con Agosta. La dificultad para expresarse surge del desarrollo de niveles más intrincados de sentimientos que el mero contentamiento y descontento que sentían cuando eran bebés.
Cuando no pueden expresar sus sentimientos con palabras, suelen usar sus cuerpos para hacerlo de manera física, golpeando, pataleando y gritando.
"Recurren de forma automática a comunicarse con el cuerpo en vez de usar pensamientos", sostuvo Agosta.
Los investigadores del informe también recomendaron enseñarles a los niños pequeños "palabras de sentimientos" desde chicos para que puedan expresarse verbalmente cuando no están contentos en vez de recurrir a manifestaciones físicas.
Además, en esa etapa del desarrollo, la mayoría de los niños pequeños aprendió a entender la relación causa-efecto, entonces saben que pueden conseguir la reacción que desean de quienes los cuidan si hacen berrinches, agregó Agosta. Por otra parte, los niños pequeños aprenden según los ejemplos que tengan, así que si un hermano más grande o un amigo tiene una rabieta, existe la posibilidad de que imiten ese comportamiento.

Prevención y cuidado
Como ciertas situaciones pueden detonar un berrinche, es importante que los padres las identifiquen para disminuir la ocurrencia y la duración de los estallidos.
Según el informe, las rabietas pueden ser provocadas por el hambre, una enfermedad o la frustración.
Fijar una rutina diaria con horarios específicos para comer y dormir es fundamental para prevenir berrinches. "Eso ayudará al niño a saber qué esperar todos los días y a los padres a evitar actividades cerca de la hora de dormir o comer porque las rabietas pueden darse o empeorar cuando el niño tiene sueño o hambre", según el informe.
A la hora de diseñar rutinas de prevención, los padres deberían hacer participar a los niños pequeños en algunas decisiones, lo que puede reforzar su sensación de autonomía. "Dígales que pueden ponerse el piyama o que usted los ayudará a hacerlo", afirmó Agosta. "Pero la clave es pasar del dicho al hecho. Si lo dice, hágalo".
Si los padres no logran evitar ciertas perturbaciones de la rutina diaria, es importante tener tentempiés (frutas o galletitas de agua) a mano cuando se está fuera de casa para evitar los berrinches provocados por el hambre.
Para evitar frustrar a sus pequeños, los padres deberían volver la casa a prueba de niños y contar con juguetes adecuados para su edad para mantenerlos ocupados. "Por ejemplo, los niños pueden frustrarse si siguen metiéndose en armarios en los que no deberían meterse y los padres les dicen 'no' una y otra vez", de acuerdo al informe. "Instalando candados para los armarios, los padres pueden impedir que los niños se metan donde no deben (…) y así reducen la frustración del niño".
Con base en la intensidad de los estallidos emocionales del niño pequeño, Brennan sugirió a los padres crear un espacio seguro donde este pueda tener una rabieta sin lastimarse ni lastimar a los demás.
Si nada parece impedir o calmar los berrinches y los padres empiezan a frustrarse, un último recurso puede ser dejar que se agoten.
Elizabeth Daniels, una de las autoras del informe, que es madre y enfermera profesional, dijo que ignorar al niño durante la rabieta puede traer beneficios si implica que no recibirá atención negativa de quienes lo cuiden.
"Cuando un niño hace un berrinche casi siempre quiere llamar la atención de alguien, aunque no sea de forma positiva", afirmó Agosta, "y los niños ansían la atención".
Los padres pueden enseñarles a sus hijos pequeños a autorregularse para aliviar las rabietas y prepararse para prosperar en un ambiente social como la educación preescolar, según Brennan.
La profesora agregó que se puede alentar al niño a autorregularse con juegos en donde deba esperar su turno, lo que lo expone a situaciones donde no consigue exactamente lo que quiere.
Brennan también señaló que los padres pueden alentar a los niños pequeños a desear una atención positiva en vez de la negativa que generan las rabietas al reaccionar de forma alentadora cuando el niño hace algo bien en una parte del día donde no haya una transición.

Conclusiones apresuradas
La intensidad de los berrinches del niño podría depender de su temperamento natural.
"El temperamento natural de algunos niños los lleva a rechazar todo, mientras que otros pueden ser muy complacientes y dispuestos a dejarse llevar por la corriente", sostuvo Agosta.
Si un niño pequeño tiene berrinches largos o particularmente violentos, los padres no deberían concluir de forma apresurada que esas pataletas son señal de problemas de desarrollo hasta descartar los demás factores, explicó Agosta. Hay varios motivos por los cuales un niño puede hacer un berrinche, especialmente si se está adaptando a un nuevo ambiente, razón por la cual los berrinches son muy comunes en el preescolar.
De acuerdo con Brennan, más del 70 por ciento de los padres informa dificultades con niños de dos a tres años, pero la mayoría de ellos nunca tendrá problemas de desarrollo. Algunos necesitan una mayor participación de los padres y otras personas en su desarrollo que otros para aprender estrategias de autorregulación.
Sin embargo, si un niño sigue haciendo berrinches para cuando llega al jardín de infantes y no aprendió esas estrategias, podría adoptar una conducta antisocial y sufrir problemas de autoestima, advirtió Agosta.
Según el informe, si los berrinches siguen o se agravan después de cumplir cinco años, cuando el niño puede lastimarse o lastimar a otros, esto podría ser una señal de problemas emocionales subyacentes que deberían ser evaluados por un médico.
Los casos anormales, si bien son muy poco comunes, normalmente presentan rabietas y otras conductas anormales, como trastornos del sueño, agresividad y ansiedad.
Daniels afirmó que los padres deben ir regularmente al pediatra para que este evalúe el carácter de los berrinches de sus hijos pequeños. Los pediatras pueden diagnosticar si hay un problema subyacente y mandar a los padres a un médico que trate problemas de conducta o psicológicos.

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