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FAMILIA
Esta madre perdió a su hija y esto es lo que aprendió
Cuando su hija de 4 años se ahogó en la piscina del jardín, Maria Kubitz pensó que nunca podría salir de la culpa y el pesar. Haciendo público su dolor, está manejando el miedo y ayudando a otras personas.

DESERET NEWS._ Fue el silencio lo que provocó en Maria Kubitz el primer estremecimiento de temor. Mientras estaba limpiando su casa, de pronto se dio cuenta de que hacía 10, quizá 15 minutos que no veía a su hija, Margareta, y no sabía dónde podía estar o qué estaba haciendo.
Los expertos en seguridad en el agua dicen que cuando un niño desaparece en una casa con piscina, ésta es el primer lugar donde se debe buscar.
La familia Kubitz tenía una piscina.
Es donde Maria Kubitz halló a Margareta. Flotando en el agua, cerca de ella, estaba el sombrero de la pequeña.
Margareta no sabía nadar y odiaba la piscina porque pensaba que el agua era demasiado fría. No habría ido sola, dice Kubitz. Ella sospecha que el sombrero le tapó los ojos y Margareta tropezó cayendo al agua accidentalmente.
Hace casi siete años desde que Margareta se ahogó en su casa de Castro Valley, California, convirtiéndose en otra estadística conmovedora en los datos sobre mortalidad infantil. El ahogamiento es la causa de muerte accidental más común de niños menores de 4 años. Los niños pequeños se ahogan en baldes, charcos y bañeras con una regularidad perturbadora; se necesita nada más que una pulgada de agua y unos minutos solos.
Sin embargo, muchos niños que se ahogan no están solos sino rodeados de personas que se distrajeron unos minutos o simplemente no se dieron cuenta de que el niño estaba en problemas.
Un análisis de 2004 de la National Safe Kids Campaign dijo que en 9 de cada 10 casos, los niños estaban supervisados, pero de todas maneras se ahogaron, dejando a sus padres y cuidadores no sólo la angustia de la pérdida sino la culpa.
Kubitz sabe lo que es la culpa.
Si bien ella y su marido posteriormente tuvieron otro hijo –un varón- y tienen tres hijos entre ellos, Kubitz sigue pensando en Margareta varias veces al día. Tanto ella como su marido estaban en la casa cuando la niña se aventuró hasta una piscina descubierta.
Margareta les había preguntado a ambos si querían jugar, pero su padre estaba trabajando con la computadora y Kubitz estaba haciendo las tareas hogareñas y quería terminar algunos quehaceres más.
"La culpa es la peor parte", dijo Kubitz, que actualmente tiene 42 años. "Soy la mamá y tendría que haberla protegido. ¿Cuántas veces les decimos a nuestros hijos 'Mamá no dejará que te ocurra nada'?"
En los meses surrealistas que siguieron a la muerte de su hija, Kubitz vio a un terapeuta y se unió a múltiples grupos de apoyo. Al principio la ayudaron, pero después de un tiempo, se dio cuenta de que contar la historia una y otra vez la mantenía anclada en el dolor.
Finalmente, decidió concentrarse en los recuerdos felices que tenía y empezó a escribir sobre Margareta en un blog. (El sitio web es aliveinmemory.org).
"Quería que fuera algo positivo en mi vida, y no centrarme únicamente en su muerte", dijo Kubitz.
"Acababa de cumplir los 4 años 30 días antes de morir, o sea que no hablamos de tantos recuerdos, pero yo tenía miedo de olvidarlos. Quería documentarlos y pensé que si compartía los recuerdos, otras personas que nunca la habían conocido llegarían a conocerla".
Kubitz llamó al blog "Alive in Memory" y lo abrió para que otras personas afligidas compartieran recuerdos de sus seres queridos. Hacerlo ayuda a las personas a entender que la belleza de la vida, sin importar lo larga o corta que sea, no debe ser opacada por un día terrible.
"Cuando cambié mi enfoque, cambió mi perspectiva y eso me hizo apreciar más la vida y respetar la sacralidad de la vida y lo rápido que puede sernos arrebatada. Ya no me preocupo tanto por el dinero que gano o las cosas que tengo. Lo que me preocupa ahora son las relaciones que tengo con las personas que amo".
Otra parte de la sanación provino de la terapia, donde Kubitz llegó a aceptar que había cometido errores –la piscina descubierta, el portón sin seguro- pero que había decidido perdonarse.
"Cuando somos padres, tenemos la mentalidad de que a nuestra familia no le sucederán (cosas malas), y hay cientos de cosas que podrían haber ocurrido de otra manera ese día con un desenlace diferente. Fue un accidente terrible, terrible. Es necesario llegar al punto de aceptarlo. No mataste a tu hija; no era tu intención que tu hijo se lastimara o muriera en este caso", dijo Kubitz.
Kubits tiene un consejo para los amigos y los familiares que no saben cómo ayudar a los padres afligidos después de una pérdida tan devastadora: estén cerca, presten atención a lo que dicen, lleven comidas y organicen una limpieza de la casa.
"Cuando se pierde a un hijo, de pronto, la gente se aleja y uno se siente realmente aislado. Da la sensación de tener alguna enfermedad contagiosa horrible que los otros no quieren pescarse. Uno se convierte en la encarnación de la peor pesadilla de todos", dijo Kubitz.
Los padres afligidos necesitan personas que los escuchen si quieren hablar, pero los amigos deben abstenerse de mencionar frases que pueden resultar hirientes, como decir que la muerte fue la voluntad de Dios.
"Hay que darles tiempo. Escuchar. En mi caso, que trajeran comidas me ayudó increíblemente, porque yo no tenía energía para limpiar o preparar la cena. Se sufre físicamente; no es sólo emocional, es también físico", dijo Kubitz.
En el caso de otros padres que han sufrido la pérdida de un hijo, ella los alienta a encontrar un grupo de apoyo, ya sea en persona u online, y no sucumbir a la tentación de aislarse.
"Cuanto más se encierran, peor", dijo agregando que un padre afligido necesita apoyo más allá de la familia inmediata.
"No esperen hablar de eso con su esposo o su esposa, o sus hijos. Cada uno sufre a su modo; es muy duro y es demasiado. Y prepárense para que sus relaciones cambien", dijo.
"La muerte de un hijo no se puede arreglar", dijo, pero se puede reemplazar el dolor por tristeza, y trabajar para llegar al lugar donde la emoción predominante en cuanto al hijo perdido sea simplemente el amor. Siendo padres de otros hijos, también eso cambiará, pero puede ser para mejor.
"Valoren el momento que tengan con sus hijos y tomen conciencia de que no durará para siempre. Hablen menos por teléfono, pasen más tiempo junto a sus hijos", dijo Kubitz. "Sus relaciones son lo más importante. Ténganlo como un principio guía como padres".


 

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