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PAREJA
Disciplina: La clave de un matrimonio feliz
Para que algo alcance su máximo potencial es imprescindible ser perseverante. No se me ocurre mejor manera de atesorar un matrimonio que hacer de la disciplina el aliado que nos haga amar y respetar,

La vida sin reglas es un caos y lo mismo pasa con todo lo demás, incluyendo las relaciones interpersonales y especialmente el matrimonio. Una pareja que no es capaz de poner límites, tarde o temprano terminará presa del desorden y la confusión emocional. ¿Quién eres?, ¿cómo debo verte?, ¿qué debemos esperar de nosotros?, serán preguntas sin respuesta en una relación anárquica.

Cuando nos comprometemos a crear un hogar debemos aceptar que éste necesita bases firmes. Éstas son, precisamente, nuestro comportamiento y compromiso en la relación. Casarse no es sinónimo de posesión, pero si de adhesión: no podemos estar juntos y actuar separados.

Hablar de disciplina dentro del matrimonio hace levantar la ceja a más de uno, lo que olvidan es que decir disciplina es también hablar de orden, método, docilidad, educación, todos conceptos indispensables para ?como se diría en buen castellano? ?llevar la fiesta en paz?.

El problema de muchas parejas es la incapacidad de ser constantes en las decisiones y en las emociones. Por eso, aunque suene a castigo o sea un término que emplearíamos para educar a nuestros hijos, la disciplina en el matrimonio no solo es pertinente, sino necesaria, pues implica la forma en que llevamos nuestra vida y de allí que venga a cuento en el matrimonio.

¿Cómo se vive la disciplina entre esposos?

1. Aprender a estar casados

Así como las profesiones necesitan estudios que garanticen pericia, en el matrimonio es igual. Necesitamos ir aprendiendo de los errores y los aciertos. Tener la disposición para eliminar los primeros y aplicar los segundos.

2. Diferenciar los derechos y obligaciones, propios y ajenos

?El respeto al derecho ajeno es la paz?, esta frase de Benito Juárez, es una máxima cargada de sabiduría que todos deberíamos poner en práctica. Debemos tener claro dónde inician y terminan nuestros derechos y los de nuestra pareja; sobre todo, respetar ambos.

3. Ser rectos en nuestro comportamiento

Las tentaciones, las emociones desbordadas, los vicios, todo esto fuera de control es capaz de acabar con cualquier relación. Un matrimonio requiere disciplina para ser íntegro consigo mismo.

4. Cumplir con el pacto que es el matrimonio

Decir pacto es decir acuerdos, y éstos no funcionan si no se cuenta con el rigor necesario para cumplirlos. Comprometernos con nuestras decisiones ?en este caso particular, el matrimonio? hará toda la diferencia en el empeño de hacerlo funcionar.

Para ser considerada una persona disciplinada, tiene que existir fortaleza en el carácter, ser capaz de dominar la voluntad y, por sobre todas las cosas, ser constante y estar acostumbrado a observar y cumplir las reglas definidas. Alguien carente de algunos de estos requisitos debiera replantearse si está preparado para el casamiento.

Para que algo alcance su máximo potencial es imprescindible ser perseverante. No se me ocurre mejor manera de atesorar un matrimonio que hacer de la disciplina el aliado que nos haga amar y respetar, en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la prosperidad. Todos los días, hasta que la muerte nos separe.

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